1 de julio de 2024 por Mondo2.0
La versión inicial de Internet, que despertó mi interés personal, se caracterizaba principalmente por su capacidad de intervención y de publicación, permitiendo a las personas exponerse públicamente. Este vasto espacio de participación se presentaba como la clave para incluir a todos en el diálogo, como una alternativa a los actores tradicionales de los medios de comunicación.
Sin embargo, el Web actual, apenas unos años después, ha cambiado drásticamente, no solo porque los usuarios de las redes sociales no han entendido completamente sus potencialidades, modalidades y consecuencias, sino, sobre todo, por la ingente cantidad de información que se comparte, lo que ha llevado a un aumento notable de la entropía informativa.
Nuestra sociedad líquida, sumergida en lo digital, ha evolucionado hacia una realidad más densa y compacta, difícil de explorar y casi imposible de rastrear hasta su origen.
La proliferación de noticias falsas, comentarios engañosos y cuentas ficticias en los medios sociales marca las primeras etapas de un recorrido en el que la información no solo se replica, sino que también se ramifica, se transforma y se confunde con otros contenidos similares.
Plataformas como Instagram y TikTok están invadidas por cuentas y comentarios automatizados; en estos casos, la automatización busca captar el interés del usuario, prolongar su experiencia y, en última instancia, generar ingresos. No es sorpresa que el tiempo que pasamos diariamente en nuestros dispositivos electrónicos continúe en aumento.
La versión inicial de Internet ponía al individuo en el centro de la red, en un nudo que lo conectaba con todos los demás. A pesar de las contradicciones, riesgos y excesos, el usuario era el protagonista de lo que se publicaba. En esta segunda fase, la comunicación ha evolucionado de un modelo “persona-persona” a uno “persona-software”, donde el software se asemeja a una personalidad sintética que produce o reproduce contenidos de manera automática.
Las personalidades sintéticas son entidades digitales, programas que simulan comportamientos humanos. Son agentes que buscan involucrar, dialogar, entretener y convencer; en esencia, tratan de replicar la inteligencia y los comportamientos humanos dentro de espacios y servicios digitales.
La diferencia crucial en relación a la generación anterior de servicios de software es su capacidad para generar respuestas y comportamientos que se alinean con las necesidades y deseos reales de los usuarios, de forma “inteligente” y acorde a las respuestas e insumos que estos proporcionan.
Una personalidad sintética va más allá de ser un simple programa que produce resultados a partir de procesos repetitivos o cálculos complejos; es una herramienta que utiliza su capacidad de búsqueda de información, dentro de parámetros iniciales definidos por un ser humano, para generar contenidos que sigan patrones de pensamiento similares a los del usuario y así analizar su interés real, creando nuevos contenidos que sean aún más relevantes.
Cada personalidad sintética posee un vasto acervo de información, sumando la capacidad, en los modernos servicios de inteligencia artificial, de interpretar imágenes y aprender de sus propios errores, malentendidos y hasta de las alucinaciones que aún son frecuentes en la actualidad.
Los perfiles “sintéticos” en redes sociales, los bots y las noticias falsas que circulan en la web nos llevan a pensar que hoy en día, una gran parte del contenido en línea no es obra humana, sino generado automáticamente. Esto explica la densidad de información que encontramos en la web.
Esta nueva generación sintética, por supuesto, plantea importantes cuestionamientos éticos.
El establecimiento de una relación personal y emocional con una personalidad sintética, al punto de mantener conversaciones durante horas o incluso desarrollar un apego amoroso hacia un bot, suscita interrogantes sobre la naturaleza humana, la interacción social y la ética tecnológica.
Los seres humanos tienen la capacidad de formar lazos emocionales con una amplia diversidad de entidades, tanto reales como imaginarias: deidades, personajes de literatura o de videojuegos. La posibilidad de que una persona desarrolle una conexión emocional con una personalidad sintética no es descabellada, especialmente si esta está diseñada para simular un comportamiento humano que resulte convincente y que se ajuste a nuestros intereses.
Los bots, los agentes conversacionales y los servicios de inteligencia artificial se están convirtiendo, y seguirán haciéndolo, en herramientas cuyo objetivo es entretener y persuadir a los usuarios.
En esta relación bidireccional “persona-persona sintética”, hay un factor determinante: estamos dispuestos a invertir nuestro tiempo siempre que lo que consumimos refleje nuestras propias lógicas mentales. Buscamos información que “piense como nosotros”; no importa si es verdadera, falsa o parcialmente cierta, lo esencial es que reafirme nuestra percepción negativa de quienes no nos agradan y valide nuestras creencias. Anhelamos la aprobación en el entorno digital.
Un vasto torrente de información reproduce contenidos adaptados “ad personam”, alineándose con nuestras convicciones más íntimas, las cuales, por cierto, no son tan secretas, dado que aceptamos todas las políticas de cookies.
Este artículo se centra en tres tipos de personalidades sintéticas:
- Formas de conversación y entretenimiento: Los agentes conversacionales están asumiendo un rol cada vez más importante en los servicios de asistencia en línea, guiando a los usuarios en tareas cotidianas como reservas y compras. Este nuevo fenómeno implica un cambio en la interacción, pasando de una comunicación entre igual a una donde la máquina va ocupando un espacio social relevante. Nos comunicaremos, confiaremos y dependeremos cada vez más de personalidades sintéticas.
- Formas de información: Ya es un fenómeno muy extendido, además de preocupante, que estos programas generen información de múltiples tipos. Si has consumido noticias en redes sociales hoy, es muy probable que hayan sido escritas, mejoradas o personalizadas por una inteligencia artificial, o simplemente ajustadas para alinearse con tus preferencias. La información que leemos está cada vez más alineada a nuestra línea de pensamiento, personalizándose y, en muchos casos, solo parcialmente fiel a la realidad.
- Formas de socialización en la web: La proliferación de cuentas sociales creadas por bots, que agregan y recomponen información y videos obtenidos de diferentes fuentes, se está volviendo cada vez más común. Asimismo, los comentarios automáticos que pueden influir en la opinión pública también están en auge. Hoy en día, los medios sociales están poblados de personalidades sintéticas. Una gran parte de las tendencias que hoy caracterizan las redes sociales es, de hecho, sintética.
Este artículo está redactado en primera persona; en su primera línea menciono “mi interés personal”, pero ¿soy un individuo real o una personalidad sintética? Te desafío a averiguarlo; probablemente no lo logres, ya que, en la web, entre “personalidad” y “personalidad sintética”, ya no existe diferencia alguna.
Mondoduepuntozero
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