28 de agosto de 2021 por Mondo2.0
Para ser drásticos, desde hace aproximadamente un año y medio, nuestros hijos han estado sumidos, en gran parte debido a la pandemia, en un auténtico torbellino tecnológico: verdaderos «adictos digitales». Un estudio realizado por Generazioni Connesse, el Centro Italiano de Internet Seguro (coordinado por el Ministerio de Educación), en colaboración con Skuola.net, la Universidad de Florencia y la Universidad La Sapienza en Roma, revela que el 60% de los jóvenes pasa más de 5 horas al día en Internet.
Uno de cada cinco adolescentes se define como «siempre conectado»
Existen múltiples factores que han contribuido a esta creciente «dependencia digital»:
- La disminución de las oportunidades de encuentro social en la escuela, el ocio, el deporte y las relaciones familiares ha dado un impulso adicional al uso del Internet.
- La amplia difusión y el uso masivo de plataformas como Netflix, Disney+, Amazon Prime Video, entre otros, ha fomentado maratones de visualización de series y películas a través de diversos dispositivos en cualquier parte del hogar.
- El uso frecuente de redes sociales, que según los datos ha llevado a un aumento del tiempo de conexión hasta alcanzar una «disponibilidad total» en línea.
- La edad cada vez más temprana en la que los niños obtienen su primer smartphone.
- El creciente ritmo de reacción al utilizar estos dispositivos, así como la cantidad de información digital que se asimila por hora, haciendo que el interés por estímulos del mundo real decaiga, ya que estos son menos impactantes, menos dinámicos y más aburridos.
Los niños y adolescentes, nuestros hijos, viven en una realidad dual:
- Por un lado, la realidad física, que ha estado limitada por el contexto pandémico, ofreciendo una escasa variedad de estímulos, experiencias y pares con los que interactuar directamente.
- Por el otro, el vasto universo virtual, el Internet, repleto de información, contactos y contenido multimedia de fácil acceso. Un entorno donde con pocas reglas y algo de audacia o carisma se puede alcanzar una notable popularidad de inmediato.
Ser padres en medio de una revolución digital, acelerada por una pandemia global que ha conducido a cuarentenas y una notable restricción de libertades, no es tarea sencilla.

Para evitar malentendidos, es relevante aclarar que en «Mondo 2.0» somos de los que mantienen una visión positiva sobre la red, llevando un optimismo casi fisiológico hacia lo tecnológico. Las nuevas generaciones «deben» ser digitales. Sin embargo, el ritmo de cambio es tan profundo, radical y veloz que inevitablemente surgen algunas dudas.
Un padre «del año 2021» puede apoyarse en su experiencia personal, recuerdos y principios educativos heredados de sus propios padres y maestros. En el mundo virtual, esta transmisión de experiencias no es viable. Cuando nosotros éramos niños, no existía el Internet, ni los smartphones, ni Netflix, ni WhatsApp, TikTok, YouTube, etc.
Todo se complica aún más por nuestra «brecha digital».
A menudo, los padres no tenemos claro cómo utilizar los espacios y herramientas digitales de la mejor manera.
Este grado de «alfabetización digital» parcial o total nos impide comprender las dinámicas de uso y, en muchos casos, nos lleva a subestimar la relación que nuestros hijos tienen con estas herramientas, o, en el extremo opuesto, a generar desconfianza excesiva. Nos sentimos como «peces fuera del agua». Nuestra interacción en redes sociales es limitada; muchas veces vemos la pantalla como un simple papel, sin reconocer las hiperconexiones, beneficios y riesgos involucrados. Interactuamos en línea únicamente con personas que ya conocemos en la vida real.
Además, el smartphone es considerado un dispositivo muy personal y es percibido de esta manera por la mayoría.
Yo uso «mi» smartphone, comparto «mis» publicaciones y leo «mi» chat. Esta identificación total del propio «yo» en la red a través del smartphone provoca distorsiones significativas en el uso del mismo, más aún en los más jóvenes. Los niños, a quienes a menudo se les regala un smartphone propio entre los 8 y 9 años, consideran este dispositivo y todo lo que conlleva como sumamente privado y fuera del control de sus padres.
¿Qué hacer? Aplicar reglas simples de manera gradual, acompañar a nuestros hijos de vez en cuando en el uso de dispositivos electrónicos y mostrar interés en sus experiencias y logros virtuales.
- Explicarles que el smartphone no es solo suyo y que debe ser utilizado sólo bajo ciertas reglas. Si se deja claro este concepto y se recuerda frecuentemente, la mitad del trabajo estará hecha. Se limitará la dependencia del «yo» del dispositivo y, por ende, del espacio digital.
- Aclarar cuándo y cómo reaccionar ante las notificaciones de nuestro smartphone. No es necesario interrumpir lo que uno está haciendo por los sonidos del teléfono.
- Incluir algunas reglas sencillas. Quizá la más importante sea: «No se duerme con el smartphone». El dispositivo debe permanecer en otro lugar, no en el dormitorio. No es un peluche. El ciclo del sueño no debe ser interrumpido por las notificaciones del teléfono.
- Supervisar la cantidad de episodios (y horas) que pasan en plataformas bajo demanda. No es razonable ver episodios durante 5 o 6 horas continuas en Netflix (o en otros lugares).
- Preguntarles con quién hablan en línea, si han hecho nuevas amistades y mostrar interés por sus amistades virtuales tanto como lo hacemos por las reales. Si nuestro hijo o hija necesita estudiar con un amigo, debemos informarnos; del mismo modo, es necesario, sin exagerar, verificar qué ocurre en línea. Lo repetimos: sin exagerar.
- Permitir que nos cuenten sobre sus éxitos y fracasos en la red, igual que lo hacemos tras un día de escuela, deporte u otros eventos. Como padres, debemos mostrar interés en lo que hacen nuestros hijos; el mundo digital no es la excepción.
- De vez en cuando, explicitar ejemplos de cómo comportarse en línea: evitar burlas y peleas, no exponerse demasiado. El Internet no es un lugar para desahogar frustraciones o pelear.
Por el contrario, desaconsejamos encarecidamente espiar el smartphone de nuestros hijos, especialmente de manera clandestina: esto rompe la regla mencionada anteriormente y, sobre todo, viola principios de lealtad y confianza que son difíciles de restaurar posteriormente.
Seamos realistas: una gran parte de los padres no sigue estas reglas en su propio smartphone.
Educar a nuestros hijos para el mundo digital significa, en primer lugar, educarnos a nosotros mismos, la primera generación de «padres digitales».
¿Encuentra estas reglas demasiado complicadas? ¿Necesita ayuda o más consejos? ¿La situación se vuelve crítica? Lo invitamos a conocer la sección digital de «Generazioni Connesse».
Entre la gran cantidad de información y servicios, se encuentra una línea de ayuda en línea, un interesante apartado sobre «los grandes errores» y el «Centro de Internet Seguro», que es el origen de todo:
El Centro de Internet Seguro (SIC) fue fundado para proporcionar información, consejos y apoyo a niños, adolescentes, padres, maestros y educadores sobre diversas experiencias relacionadas con Internet, incluso aquellas problemáticas, así como facilitar la denuncia de contenidos ilegales en línea.
La adicción a Internet es un serio y grave problema. Un fenómeno masivo que no puede ser tratado con indiferencia.
El mensaje que queremos transmitir con este sencillo artículo es que un buen uso de Internet no se aprende por sí solo; hay que enseñarlo día a día.
Sabemos que es difícil, pero en 2021 es fundamental ser buenos padres tanto en el mundo físico como en el digital.
Mondoduepuntozero
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